sábado, 14 de marzo de 2015

Compromiso entre la bipedación y el parto. Implicaciones en el ciclo de vida de la hembra.

Canal del parto en Pan, Australopithecus afarensis y Homo.

Salvo en el caso de los humanos, que precisan ayuda social, los mamíferos paren con bastante facilidad. El feto humano sigue para el parto una trayectoria curva para salir por delante de los isquiones, lo que le obliga a flexionarse y girar en la pelvis.

Se pensó que el origen de estas dificultades era el extraordinario desarrollo cerebral humano: los bebés humanos representan el 6,1% del tamaño del cuerpo de la madre en comparación con los bebés chimpancé (3,3%) y los bebés gorilas (2,7%).

Actualmente se cree que la verdadera razón de las dificultades del parto hay que buscarla en los cambios que la pelvis sufrió para facilitar la bipedación, un compromiso entre una pelvis lo suficientemente ancha para permitir el nacimiento de bebés con grandes cerebros, y lo suficientemente estrecha para una locomoción bípeda eficiente. De acuerdo con este modelo, las pelvis amplias aumentan el coste metabólico de la locomoción al requerir más fuerza de los músculos abductores que estabilizan la pelvis cuando se apoya una sola pierna (pero Whitcome, Miller y Burns, 2017; Cara M. Wall-Scheffler y Marcella J. Myers, 2017). La reducción de la altura de la pelvis, cerró la abertura del canal del parto. La solución a este problema incluye huesos craneales todavía blandos en el feto, nacimiento en un estado muy inmaduro, largo periodo de exterogestación y diseño de la cadera de la hembra menos forzado por la postura bípeda.

Este problema ya existía en el Australopithecus (DeSilva et al, 2017), y fue acrecentándose a medida que el cráneo fue creciendo. Sin embargo, las neandertales tenían un parto más fácil que las hembras de HAM (Weaber y Hublin, 2009)

Según Dunsworth et al (2012) la gestación humana tiene una duración comparable a la de los demás simios y los bebés humanos son superdesarrollados. Para él, el tamaño de la pelvis no es un problema para caminar ni para el nacimiento. La gestación se detiene porque la madre no es capaz de suministrar la energía necesaria.

Tamaño de la pelvis, gestación y tamaño del cerebro
Esta opinión es opuesta a la de la mayoría de los investigadores, que consideran la neotenia como una característica humana (Stephen Jay Gould, 1977). Después del nacimiento, continúan o surgen procesos ontogénicos que en los simios suceden en la matriz y el resultado es una infancia prolongada. Esto permitió el desarrollo de un cerebro extraordinariamente flexible. La selección natural pudo favorecer el nacimiento temprano pues permite que los bebés puedan aprender de la experiencia. Algunos científicos consideran que la anticipación del parto comenzó cuando el cerebro adulto de algún antecesor llegó a 850 cc (Homo rudolfensis, Homo ergaster). Robert D. Martin llama a esto el Rubicón cerebral. A partir de ese punto la evolución no tenía vuelta atrás y se iría acentuando la estrategia K.

Pero esta infancia prolongada convive con un destete temprano, sustituyendo la leche materna con preparados a veces facilitados por otros miembros de la familia además de la propia madre. Según Christopher W. Kuzawa y Jared M. Bragg (2012) el destete temprano, junto con la estrategia K no solo permitió en la hembra humana mantener el consumo energético de su ciclo de vida en una cuantía similar a la del resto de los mamíferos, sino que incluso permitió el alargamiento de su vida.

Anna G. Warrener et al (2015) han puesto a prueba experimentalmente la hipótesis obstétrica con un modelo dinámico.
De acuerdo con los resultados, la anchura de la pelvis no predice el coste mecánico de los abductores y hembras y varones son igualmente eficientes al caminar y correr. 
Por tanto, un canal del parto más amplio no aumenta el costo del aparato locomotor de la hembra. Esta conclusión implica buscar otras explicaciones a las dimensiones de la pelvis femenina.
  • Una posibilidad es que la selección haya favorecido pelvis estrechas para otros aspectos del rendimiento del aparato locomotor, tales como una reducción de lesiones o un aumento de la velocidad, pero estas explicaciones son poco probables.
  • Otra hipótesis es que la anchura de la pelvis se vea limitada por las exigencias de termorregulación. La amplitud de la pelvis varía ecogeográficamente y es más pequeña en poblaciones de latitudes bajas, bajando la masa corporal y minimizando la producción de calor. La capacidad obstétrica del canal del parto parece mantenerse en estas poblaciones gracias a un incremento del diámetro anteroposterior de la pelvis inferior.
  • La aparición de la agricultura puede haber exacerbado el dilema obstétrico, por la disminución de la estatura materna y el aumento del crecimiento neonatal y la adiposidad debido a los cambios en la dieta (Wells, DeSilva y Stock, 2012).
Hasta la pubertad, las pelvis femenina y masculina exhiben un dimorfismo sexual moderado. Con el inicio de la pubertad, las trayectorias ontogenéticas divergen sustancialmente, dando lugar a una rápida expansión de las dimensiones obstétricas de la pelvis hasta los 25-30 años. A partir de los 40, las hembras recuperan un modo de desarrollo similar al de los varones, lo que resulta en una reducción significativa de las dimensiones obstétricas. Esta trayectoria de desarrollo complejo está probablemente relacionada con los niveles de estradiol, lo que apoya la hipótesis de que la solución al dilema obstétrico no fue solamente evolutiva y adaptativa, sino que también interviene la plasticidad en el desarrollo como respuesta a factores ecológicos y nutricionales durante la vida de la hembra (Huseynov et al, 2016).