jueves, 24 de enero de 2013

La comida, motor de la domesticación de los perros.


Nuestros perros, León y Romeo.
Erik AxelssonAbhirami RatnakumarMaja-Louise ArendtKhurram MaqboolMatthew T. WebsterMichele PerloskiOlof LibergJon M. ArnemoÅke Hedhammar y Kerstin Lindblad-Toh han  estudiado las diferencias entre el genoma de los perros y el de los lobos para identificar las regiones genómicas que protagonizaron la especiación.
  • Diecinueve regiones contienen genes importantes en la función cerebral
    • Ocho se relacionan con el desarrollo del sistema nervioso y son potencialmente subyacentes a los cambios de comportamiento del perro con respecto al lobo.
    • Once se relacionan con el sistema nervioso central.
  • Diez regiones tienen un papel clave en la digestión del almidón y las grasas (genes AMY2B, MGAM y SGLT1).
En lo que se refiere a la alimentación, ser humano y perro compartieron por tanto un sendero evolutivo. Los perros coevolucionaron con el ser humano, la agricultura y la correspondiente dieta.

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Comentario de Elizabeth Pennisi
Comentario de Jonathan Amos
Comentario de John Hawks

Por otra parte, Kathryn Lord ha descubierto que las crías de lobo todavía están ciegas y sordas cuando empiezan a caminar y explorar su entorno a la edad de dos semanas, momento en que se abre para ellos la ventana de socialización. Esto hace que tengan miedo de los estímulos sonoros y visuales.
Por el contrario, los cachorros de perro comienzan muy pronto a explorar el mundo con la vista, el oído y el olfato en funcionamiento y les encantan las nuevas experiencias.
Esta diferencia contribuye a explicar por qué los perros se socializan con otro animal en noventa minutos cuando tienen entre tres y cuatro semanas, en su ventana de socialización, mientras que un cachorro de lobo requiere veinticuatro horas de contacto inicial e incluso así el apego no será tan grande.

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Comentario de Jennifer Vegas
Comentario de Janet Lathrop

La domesticación de los animales